No obstante los satisfactorios resultados del microcrédito, existen miles de clientes, particularmente rurales, que son desatendidos o atendidos parcialmente en sus necesidades de servicios financieros. Estos agentes económicos, marginados por las entidades bancarias convencionales y atendidos inadecuadamente por las EFM, se encuentran sumidos en situaciones de pobreza extrema y, con muy pocas oportunidades.
Esta situación se traduce en un crónico subdesarrollo de los mercados financieros especialmente los rurales (MFR), lo cual se agudiza por la falta de políticas públicas que permitan superar esta deficiencia.
En este campo, mientras las entidades bancarias convencionales obtienen beneficios de su inserción en las corrientes de globalización, por el contrario, las EFM, consiguientemente sus nichos de mercado y sus clientes atendidos, no disponen de mecanismos de intercambio de experiencias, de mutuo aprendizaje, espacios de reflexión conjunta, en definitiva de instancias de generación y socialización para políticas públicas, existiendo entornos con muchas similitudes entre los diferentes operantes de las microfinanzas
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